Repensando al Ecuador

Yo vivo/nací en Ecuador y para mi desde la escuela Ecuador no fue más que una línea que nos dividía. Un país sin espíritu, basado en puro materialismo. Un vago sentimiento de país me nació en unas vacaciones de la escuela, que fuimos en familia a viajar por los Andes. 

Este país vivió en el sigo XX a la sombra del influjo de EE.UU y del precio del petróleo. Como bien lo dice el título de su libro, "De Banana Republic a la No República", del Presidente Rafael Correa. El Ecuador perdió paulatinamente su institucionalidad, pérdida marcada por un vacío en los valores morales del país, en sus leyes, atrasadas, y en su gente, ignorante, o "falsa culta". Este último término es para designar a los que se creían instruidos, pero en realidad era una instrucción a medias, basada en tradiciones viejas y medias verdades. 

Con la llegada de la Revolución Ciudadana, o Correísmo, el país se tuvo que reinstitucionalizar. Se tuvo que refundar. Un país nacido de un nombre "intelectualmente/científicamente importante", una línea imaginaria, pero fundamentalmente e históricamente insignificante. Un país que se hizo para sustentar a las hegemonías, y para apoyar las ambiciones de los que llegaban al poder, y que poco tenía que ver con los valores de Bolívar y su independencia. 

Todo esto no nos lo enseñaron en la escuela. Esta historia oculta y negra del Ecuador la hemos vivido en la sangre, es nuestra herencia. 

Ahora Ecuador se intenta repensar y como ejercicio miro al Ecuador como una línea imaginaria. Aunque he llegado a entender que no es tanto una línea, sino una región. La exactitud de la línea es muy pretenciosa y poco humana. Pero la cuestión es si una región que se supone divide a dos mundos, el Norte y el Sur, como nos enseñaron que era el significado de la palabra "ecuador" (del latín "aequatoris", igualador), puede volverse otra cosa.



Ecuador del latín

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